Un nuevo día, una nueva etapa.
Tras preparar un suculento desayuno.
Empaquetamos y seguimos nuestro camino. Con destino Songkul Lake.
La carretera sigue siendo dura. Y poco a poco va pasando factura.
Es en estos lugares donde uno le encuentra sentido a las cosas. Incluso a las clases de hogar que se impartían en el instituto, cuando nos enseñaban a zurcir.
Pero siempre, a un día malo, le sigue uno bueno.
A un día oscuro, le sigue otro lleno de luz.
Solo hay que creer, que al otro lado, hay un tesoro escondido.
Es el último paso antes de llegar al altiplano del lago. Van 4 horas,de ardua subida, en esta carretera de ripio.
Nada más llegar parada en boxes. UFF!
Avituallamiento. Kumis(leche fermentada de Yegua) Caima( crema de leche de Yack), Kurut bolas de yogur secado al sol) , Chai ( te local), mantequilla y pan fresco recién hecho.
Tierra de nómadas y pastores
Songkul nos recibe con su serena tranquilidad.
El esfuerzo cobra sentido.
Y la recompensa es grata.
Que mejor lugar que este para parar unos días a descansar.
De Songkul a la capital Biskek, parada obligatoria, pues hay que tramitar visados.
Biskek…, una ciudad más. Eso sí, con un ambiente pueblerino. Y una marcada impronta de su pasado comunista.
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